La edad dorada de la filosofía china

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La edad dorada de la filosofía china
La respuesta intelectual a la extrema inestabilidad e inseguridad política produjo las fórmulas filosóficas que moldearon el crecimiento del Estado y la civilización china durante los dos milenios siguientes. El más antiguo y más influyente de los filósofos del periodo fue Kongfuzi o Confucio. En esencia, las propuestas de Confucio representaban la restauración de las instituciones políticas y sociales de comienzos de la dinastía Zhou. Creía que los sabios gobernantes de ese periodo habían trabajado para crear una sociedad ideal, por lo que intentó crear una clase de caballeros virtuosos y cultivados que pudieran desempeñar los altos cargos del gobierno y guiar al pueblo a través de su ejemplo personal.
Las doctrinas del taoísmo, la segunda gran escuela filosófica existente durante el periodo de los Reinos Combatientes, se exponen en el Tao Tê-King, que se atribuye a la figura semihistórica de Laozi, y a los trabajos de Zhuangzi. Los taoístas desdeñaban el sistema estructurado que preconizaban los confucianos para el cultivo de la virtud humana y el establecimiento del orden social. En al aspecto político, el taoísmo abogaba por un retorno a las comunidades agrícolas
primitivas, en las cuales la vida podía seguir un curso más natural.
Una tercera escuela de pensamiento que floreció durante el mismo periodo y posteriormente ejerció una influencia duradera en la civilización china fue el legalismo. Razonando que los grandes desórdenes de su momento exigían nuevas y drásticas medidas, los legalistas abogaban por el establecimiento de un orden social basado en leyes estrictas e impersonales, que rigieran cada aspecto
de la actividad humana. Para reforzar este sistema propugnaban el establecimiento de un Estado rico y poderoso, en el cual el soberano tendría una autoridad incontestable. Los legalistas instaban a la socialización del capital, el establecimiento del monopolio gubernamental y otras medidas económicas designadas para enriquecer al Estado, reforzar su poder militar y centralizar el control administrativo.
1.2 La creación del Imperio
Durante el siglo IV a.C., el reino de Qin, uno de los estados periféricos emergentes del noroeste, se embarcó en un programa de reformas administrativas, económicas y militares, siguiendo las doctrinas legalistas. Al mismo tiempo, el poder de los Zhou pasó a ser cada vez más débil hasta que el
régimen se colapsó en el 256 a.C. Una generación después, los Qin habían sojuzgado a los demás estados.
1.2.1 La dinastía Qin (221-206 a.C.)
En el 221 a.C., el rey de Qin se autoproclamó Qin Shi Huangdi, o primer emperador de la dinastía Qin. El nombre China deriva de esta dinastía.
Con la ayuda de un ministro legalista, Li Si, el emperador unificó el mosaico de estados feudales en un imperio administrativamente centralizado y culturalmente unificado. Se abolieron las aristocracias hereditarias y sus territorios se dividieron en provincias gobernadas por burócratas nombrados por el emperador. La capital de Qin, cerca de la actual ciudad de Xi’an, se convirtió en la primera sede de la
China imperial. Se adoptó un sistema de escritura y su uso se hizo obligatorio en todo el Imperio. Para promocionar el comercio interno y la integración económica, los Qin unificaron los pesos y medidas, la acuñación de moneda y las medidas de las hachas. Se adoptó la propiedad privada de la tierra y se aplicaron leyes e impuestos con igualdad. La búsqueda de la uniformidad cultural llevó a
los Qin a ilegalizar muchas escuelas filosóficas que habían florecido a finales del último periodo Zhou. Sólo se dio la aprobación oficial a los legalistas y en el 213 a.C. se quemaron los libros de todas las otras escuelas, a excepción de los ejemplares que se guardaban en la biblioteca imperial Qin.
El primer emperador también intentó extender las fronteras exteriores de China.
En el sur sus ejércitos marcharon hacia el delta del río Rojo, lo que en la actualidad es Vietnam. En el suroeste su dominio se extendió para englobar la mayor parte de las actuales provincias de Yunnan, Guizhou y Sichuan. En el noroeste sus conquistas alcanzaron Lanzhou, en la actual provincia de Gansu y el noreste, un sector de lo que hoy es Corea, reconoció la superioridad de los Qin.
El centro de la civilización china, sin embargo, permaneció en el valle del Huang He. Aparte de la unificación y expansión del Imperio, el logro más conocido de la dinastía Qin fue la terminación de la Gran Muralla china.
El coste económico y humano de las conquistas extranjeras de los Qin y la construcción de la Gran Muralla y otras obras públicas fue enorme. El peso siempre creciente de los impuestos, el servicio militar y los trabajos forzados crearon un hondo resentimiento contra la dinastía Qin entre las clases populares del Imperio. Además, las clases intelectuales estaban ofendidas por la política gubernamental de control del pensamiento, en especial la quema de libros. El sucesor de Qin Shi Huangdi cayó bajo la influencia de un astuto eunuco de palacio. Siguió una lucha por el poder, mutilando la administración central y el pueblo indignado se levantó en una rebelión.
Fuente: Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005. © 1993-2004
Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos. Versión adaptada por
Eugenio Anguiano (agosto de 2008).

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