La transición china deberá completarse

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La transición china deberá completarse desde una economía industrial hacia otra de servicios.
Ello disminuiría el ahorro y la inversión, como hemos visto. El consumo debería aumentar y, para
lograrlo, también deberían hacerlo los salarios. Las políticas de gasto social, o reducción del ahorro
estatal, potenciarían igualmente el consumo. Es esto, o seguir invirtiendo masivamente hasta llegar
al estancamiento económico con inflación. El modelo basado en inversión, ahorro y exportaciones
baratas, quiero insistir, está claramente agotado. China tiene que consumir más. Ello también generará tensiones, como la reducción del consumo en otras economías desarrolladas. El ajuste lo
estamos viendo en naciones como Grecia o España. Si bien ningún país puede consumir siempre
con cargo a una deuda acumulada cada vez mayor, es absurdo pensar que China pueda ahorrar de
manera indefinida. El ahorro acumulado chino deberá traducirse en más consumo. Y el consumo vía
deuda de los periféricos europeos, por ejemplo, acabará convirtiéndose en más ahorro.
Al igual que los factores productivos tradicionales, trabajo y capital, deben reflejar un coste adecuado según el esquema oferta-demanda más elemental; lo mismo debe decirse de muchas materias primas. Utilizar la energía de forma ineficiente acarrea costes medioambientales cada vez más elevados. El ejemplo más claro en China es la subvención a los combustibles fósiles. El precio pagado por los consumidores finales solamente refleja su coste de producción. Sin embargo, obvia otros costes relacionados con la contaminación medioambiental (destrucción de recursos naturales como el agua y problemas sanitarios). Las subvenciones, además, desincentivan el desarrollo de otras energías globalmente más baratas. Y, como recurso escaso que es, acaba presentando un doble coste dentro del medio-largo plazo:
1) Conforme aumenta el consumo, se incrementan los precios. Y, si además no ha sido posible
desarrollar otras alternativas, la demanda será inelástica con respecto al precio (se demandará carbón sea cual fuera su tarifa porque no hay otras fuentes).
2) La contaminación exigirá invertir dinero para corregir unas externalidades negativas que podrían haberse evitado desde un principio. Lógicamente, utilizamos dos situaciones límite para ilustrar bien el ejemplo. Pero, cuanto más se aleje China de dicho límite, menos costes tendrá que afrontar en un futuro. Dicho esto, y como demuestra este gráfico, parece que la tendencia en China es reducir las toneladas de carbono por unidad del PIB.


Fuente: ECONOMÍA CHINA: PASADO, PRESENTE Y FUTURO
Ponencia a cargo de ALBERTO JAVIER LEBRÓN VEIGA, corresponsal de Business
Televisión en China y Asia-Pacífico.

La República de China Durante la I Guerra Mundial

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La República de China
Durante la I Guerra Mundial (1914-1918), Japón buscó obtener una posición de supremacía incuestionable en China. En 1915 presentó a China las denominadas “Veintiuna Demandas”, cuyos términos habrían reducido China a un virtual protectorado japonés. China, flexible ante una versión modificada de las demandas, accedió, entre otras concesiones, a transferir las posesiones alemanas en Shandong a Japón. La tardía entrada de China en la guerra en 1917 estaba destinada a conseguir participar en el futuro tratado de paz para revisar las ambiciosas peticiones japonesas. China esperaba que Estados Unidos, de acuerdo con su política de puertas abiertas, le ofreciera su apoyo. Sin embargo, en Versalles, el presidente estadounidense Woodrow Wilson retiró el apoyo de su país a China en el tema de Shandong, cuando Japón retiró sus demandas de una cláusula de igualdad racial en el Pacto de la Sociedad de Naciones, una disposición a la que se oponían duramente en Estados Unidos a causa de la posibilidad de que hubiera una afluencia ilimitada de mano de obra desde oriente.
La delegación china, indignada, se negó a firmar el Tratado de Versalles. Sin embargo, China obtuvo posteriormente su admisión en la Sociedad de Naciones a partir de la firma de un tratado de paz por separado con Austria.
Los jóvenes e intelectuales chinos, que en la década precedente habían vuelto sus ojos cada vez más hacia Occidente, en busca de modelos e ideales para la reforma de China, se sintieron traicionados por Wilson en Versalles. Cuando estas noticias llegaron, se inició en la Universidad de Pekín una manifestación masiva de protesta en contra de los japoneses, el llamado ‘Movimiento del Cuatro de Mayo’, que se extendió por todo el país en 1919.
El Guomindang y el ascenso del Partido Comunista
Tras ser sofocado, siguió un periodo de examen y reajuste, desde el cual surgieron dos objetivos claros: deshacerse del imperialismo que se cernía sobre China y restablecer la unidad nacional. Los chinos estaban desilusionados por el cínico interés de los poderes imperialistas occidentales y se fueron acercando progresivamente al pensamiento marxista-leninista y a la Unión Soviética. El
Partido Comunista Chino (PCCh) se fundó en Shanghai en 1921, contando entre sus primeros miembros con Mao Zedong. En 1923 Sun Yat-sen aceptó el consejo soviético para reorganizar un Guomindang en proceso de desintegración, y fortalecer sus débiles fuerzas militares. Al mismo tiempo aceptó el ingreso de comunistas en el Guomindang. Los principios ideológicos de Sun (nacionalismo, democracia y socialismo) estaban íntimamente relacionados con un espíritu
antiimperialista y la defensa de la unificación nacional. A pesar de la muerte de Sun en 1925, el rejuvenecido Guomindang, bajo el mandato del joven general Jiang Jieshi, lanzó una expedición militar en 1926 desde su base de Cantón.
Jiang buscaba reunificar China bajo el mandato del Guomindang y liberar al país del imperialismo y de la fuerza de los jefes militares provinciales (los llamados señores de la guerra). No obstante, antes de que el Guomindang completara la reunificación territorial de China ya en 1928, Jiang llevó a cabo una cruenta purga de los miembros comunistas del partido, y desde entonces confió en el apoyo de las clases propietarias y de las potencias extranjeras.

Fuente: Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005. © 1993-2004
Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos. Versión adaptada por
Eugenio Anguiano (agosto de 2008).

ECONOMÍA CHINA La inversión productiva

ECONOMÍA CHINA
La inversión productiva permitiría incrementar el PIB potencial desde los niveles actuales. Además,
por inversión productiva entendemos “aquellas inversiones rentables que reducirían los costes y
permitirían obtener economías de escala (sin provocar tensiones inflacionistas)”.
Y, dicha inversión productiva, es posible potenciarla siendo muy selectivos con la calidad del crédito bancario. El coste del capital, pues, debe aumentar. Financiar proyectos con bajos rendimientos, a bajo coste, supone remunerar el ahorro de forma ineficiente. De ahí que sea preciso liberalizar los intereses. Y ofrecer también más alternativas al ahorro cautivo en depósitos bancarios cuyos intereses, ahora, son negativos.
Además de la reforma del sistema cambiario y financiero, China debe consolidar su nueva estructura económica. Para dejar de depender tanto del sector exportador y las inversiones, tiene que orientarse hacia un mayor consumo doméstico. Y habrá más consumo conforme se reduzcan las elevadas tasas de ahorro. En este sentido, una cobertura sanitaria universal y asequible reduciría el ahorro por precaución33. Todo encaja: la reducción del ahorro estimularía el consumo, generándose igualmente nuevas empresas y puestos de trabajo. El ahorro chino, directa o indirectamente, sirve para financiar proyectos estatales cada vez menos viables. Sustituir inversión pública por consumo privado es, sin lugar a dudas, la gran reforma pendiente que tiene China en estos momentos.
• REFORMAS POR EL LADO DE LA OFERTA AGREGADA
Como he comentado anteriormente, dichas reformas estarían relacionadas con los factores productivos trabajo, capital y tecnología (productividad). Y, también, con la propia estructura del
tejido productivo chino. En este punto, existen infinidad de recomendaciones, por lo que solamente
voy a intentar enumerar algunas relevantes:
1) Dentro del mercado laboral, es urgente garantizar la libre circulación de trabajadores.
El actual sistema de empadronamiento fijo, o hukou, obstruye dicha movilidad. El hukou lo que otorga son derechos sanitarios y educativos para los titulares del mismo únicamente en sus ciudades de origen. Esta restricción impide al factor trabajo moverse libremente allá donde podría encontrar las mejores oportunidades. El hukou es un cortafuegos para evitar la emigración incontrolada a las ciudades. Por tanto, si China quiere tener una movilidad saludable del factor trabajo, y evitar igualmente aglomeraciones masivas en sus ciudades; tendrá que “urbanizar” el mundo rural. Parece que los últimos planes quinquenales ya recogen actuaciones en este sentido para el centro-oeste del país.
2) Dentro del mercado laboral, urge también seguir incidiendo en el aumento de la productividad por trabajador. China lleva tres décadas aumentando, a una tasa media de dobles dígitos, la productividad del trabajo. En 2008, sin ir más lejos, el incremento fue del 8,6% (solo superada por Armenia, Bielorrusia, Rumanía y Uruguay34). Sin embargo, las ganancias chinas en productividad están presentando una tendencia decreciente. Esto, en parte, puede responder a la incorporación creciente del capital al proceso productivo. Pero no debemos olvidar que, conforme disminuye la productividad laboral, habrá más desempleo e inestabilidad social. Y cuando una economía acumula capital en exceso, éste acaba ofreciendo rendimientos decrecientes. Es por ello que China debe trabajar en reducir su tasa de desempleo, actualmente superior al 10%35. Aumentando la productividad bajaría
el paro, subirían los salarios y, con ello, se registraría también un mayor consumo.
Aprovechando óptimamente el capital humano, no sería necesario acumular tanto capital físico para crecer como hasta ahora. La acumulación óptima de capital físico ofrecería rendimientos crecientes. Se podría reducir el ahorro que, con pleno empleo, favorecería un mayor consumo. Y la estructura económica china, con menos crecimiento pero más eficiente, acabaría evolucionando hacia un modelo propio de los países desarrollados. Dicha estructura estaría basada en una economía de servicios, con un elevado consumo y unas exportaciones donde primaría el alto valor añadido. Para ello hay que priorizar las inversiones en I+D y educación, donde al menos nominalmente ya se están destinando cuantiosos recursos36. Con todo, los resultados de todas estas políticas será posible
contrastarlos a medio-largo plazo.
Promover una acumulación del capital de mayor calidad, como apuntábamos en las reformas
propuestas para la demanda, también servirá para incrementar el PIB potencial a medio-largo plazo.
Y el acceso eficiente al crédito por parte de las empresas privadas haría que dichas inversiones
fuesen más rentables, mientras también aumentaría la productividad.

Fuente: http://www.intereconomia.com/blog/economias-asiaticas  

Historia de China - Movimientos de reforma y la rebelión Bóxer

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Movimientos de reforma y la rebelión Bóxer
Hacia 1898 un grupo de reformadores ilustrados adquirieron gran influencia sobre el joven y abierto emperador Guangxu. En el verano de ese año, incitados por la urgencia de la situación creada por el aumento de las nuevas esferas de influencia extranjera, aplicaron un profundo programa de reformas diseñado para convertir a China en una monarquía constitucional y modernizar su economía y sistema educativo. Este programa enfrentó a la oposición de la camarilla de oficiales manchúes elegidos por la emperatriz Cixi, que se había retirado poco tiempo antes. Cixi y los oficiales manchúes secuestraron al emperador y con la ayuda de jefes militares leales sofocaron el movimiento
reformista. Se extendió por todo el país una reacción violenta, que alcanzó su punto álgido en 1900 con un levantamiento xenófobo de la sociedad secreta de los Bóxer, un grupo que gozaba del apoyo de la emperatriz viuda y de numerosos oficiales manchúes. Después de que una fuerza expedicionaria
occidental hubiera aplastado la rebelión Bóxer en Pekín, el gobierno manchú se dio cuenta de la inutilidad de su política. En 1902 adoptó su propio programa de reformas e hizo planes para establecer un gobierno constitucional limitado, según el modelo japonés. En 1905 se abandonó el antiguo sistema de exámenes para los funcionarios.
Era tarde para los manchúes. Poco después de la Guerra Chino-japonesa, Sun Yat-sen, formado según el modelo occidental, había iniciado un movimiento revolucionario dedicado a establecer un gobierno republicano. Durante la primera década del siglo XX, los revolucionarios atrajeron a estudiantes, comerciantes chinos con el extranjero y grupos nacionales poco satisfechos con el gobierno manchú. A mediados de 1911 tuvieron lugar levantamientos como protesta contra el programa de nacionalización del ferrocarril Qing y en octubre de ese año estalló la Revolución republicana en Hankou (en la actualidad, parte de la ciudad de Wuhan), en China central, extendiéndose a otras provincias, mientras Sun tomaba el control de la revuelta. Los ejércitos manchúes, reorganizados por
el general Yuan Shikai, eran claramente superiores a las fuerzas rebeldes, pero Yuan sólo aplicó una presión militar limitada y negoció con los dirigentes rebeldes ser designado presidente de un nuevo gobierno republicano. El 12 de febrero de 1912 Sun Yat-sen cedió su puesto de presidente provisional en favor de Yuan y sumisamente los manchúes se retiraron del poder. El 14 de febrero de
1912 una asamblea revolucionaria reunida en Nanjing eligió a Yuan primer presidente de la República de China.
La República de China
La República de China mantuvo una frágil existencia desde 1912 hasta 1949.
Aunque se adoptó una Constitución y se estableció un Parlamento en 1912, Yuan Shikai nunca permitió que estas instituciones limitaran su control personal del gobierno. Cuando el recién fundado Partido Nacionalista, o Guomindang, encabezado por Sun Yat-sen, intentó reducir el poder de Yuan, primero mediante tácticas parlamentarias y luego con la fracasada revolución de 1913, Yuan respondió con la disolución del Parlamento, la ilegalidad del Guomindang y el gobierno a través de sus conexiones personales con los dirigentes militares provinciales. Sun Yat-sen se refugió en Japón. Yuan, sin embargo, se vio forzado por la oposición popular a abandonar sus planes de restaurar el imperio y convertirse en emperador. Murió en 1916, y el poder político fue ejercido por los jefes militares provinciales. El gobierno central mantuvo hasta 1927 una existencia precaria y casi ficticia.

Fuente; Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005. © 1993-2004
Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos. Versión adaptada por
Eugenio Anguiano (agosto de 2008).

ECONOMÍA CHINA: PASADO, PRESENTE Y FUTURO REFORMAS POR EL LADO DE LA DEMANDA AGREGADA

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ECONOMÍA CHINA: PASADO, PRESENTE Y FUTURO
REFORMAS POR EL LADO DE LA DEMANDA AGREGADA
China sabe que debe liberalizar los tipos de interés y cambiarios. Lo sabe, y en ello está. El actual
modelo, basado en inversión y exportaciones, está agotado por varios motivos:
1) Exceso de inversiones con rendimientos decrecientes en algunos sectores como la vivienda,
infraestructuras, industria del acero etc...
2) Europa y EEUU, principales destinos de las exportaciones chinas, están muy endeudados
actualmente. Lo sensato, aquí, es reducir la dependencia del sector exportador ante una
demanda prevista de los productos chinos cada vez menor.
Liberalizar los tipos de cambio permitiría corregir algunas ineficiencias que detallo a continuación:
1) La industria china tendría incentivos para ganar en competitividad, una vez desprovista del tipo de cambio artificialmente bajo. La cotización libre del yuan, además, dejaría sin argumentos a quienes aplican medidas proteccionistas sobre los productos chinos. A nivel internacional, permitiría también que otros países en crisis intentaran salir de la misma exportando sus productos más competitivos hacia China. El consumidor chino, de paso, importaría más y ganaría en bienestar. China podría invertir en empresas extranjeras, con un elevado componente tecnológico, a muy bajo coste (lo cual traería consigo empleos, mayores salarios y/o beneficios).
2) Contribuiría a aliviar las tensiones inflacionistas. Por un lado, la intervención del tipo de cambio desaparecería. Y, con ella, las inyecciones de yuanes al sistema tras cada superávit.
Además, un cambio más fuerte, abarataría las importaciones chinas de materias primas (lo cual también sería positivo para el desarrollo industrial del país).
3) Se liberalizaría la cuenta de capitales, permitiendo igualmente una libre circulación del ahorro. Esto significa que los ahorradores chinos podrían colocar sus fondos en opciones más rentables con absoluta libertad, aspirando a obtener mayores retornos. Además, la canalización eficiente del ahorro chino hacia fuera de China, permitiría incrementar el consumo doméstico una vez repatriados los beneficios.
4) Sin embargo, este proceso también entraña riesgos. El yuan, en palabras del analista independiente Andy Xie, es “la gran muralla financiera china”. Es lo que mantiene al país a salvo de los especuladores. Pekín teme fluctuaciones bruscas, una vez liberalizado el yuan y con los capitales circulando libremente, que puedan poner en jaque su economía como ocurrió durante la crisis asiática del 9831.
Una reforma del sistema financiero, que incluya liberalizar los tipos de interés, también permitiría
corregir algunas ineficiencias expuestas a continuación:
1) Un ahorro con más alternativas de colocación, reforma financiera mediante, elevaría los tipos sobre depósitos. Los bancos competirían por captar dicho ahorro. Y, únicamente, asumirían riesgos en la financiación de inversiones tan rentables como productivas. Esta mayor exigencia en el coste del capital, reduciría los créditos concedidos. También ralentizaría el crecimiento. Pero asignaría fondos a inversiones realmente rentables. Ello, igualmente, serviría para incrementar la renta potencial y reducir las tensiones inflacionistas.
2) Incrementaría notablemente la eficiencia del sistema bancario. Sin un ahorro cautivo, la gestión bancaria sería una simple cuestión de márgenes. Ahora dichos márgenes existen, al estar intervenidos los tipos de crédito y depósito. Pero las decisiones de inversión responden a criterios políticos, raramente relacionados con la eficiencia más elemental. Entiendo que los márgenes del tipo de interés (crédito menos depósito) deberían aumentar tanto en términos absolutos como relativos. Ello reduciría la cantidad de créditos, pero aumentaría su calidad.
3) Protegería a los bancos de acumular créditos malos, empleados en proyectos cuya rentabilidad fuese más que dudosa. Protegería a China, en definitiva, del coste de tener que recapitalizar sus bancos tras una hipotética crisis bancaria.
4) Permitir que las empresas no estatales puedan acceder libremente al crédito bancario. Esto
incrementaría la calidad de las inversiones chinas, una vez que dichas empresas privadas solo buscarían maximizar su rentabilidad. La empresa privada invierte atendiendo a los beneficios esperados. El sector estatal, como sabemos, invierte atendiendo a criterios políticos beneficiándose por lo general de bajos intereses. Dichos criterios políticos coinciden a veces con una rentabilidad de las inversiones. Pero no siempre es así. En el siguiente gráfico, podemos apreciar la demostración empírica. Si bien tanto empresas estatales como privadas tienen un peso equivalente en la economía china, son las segundas quienes actualmente producen más valor añadido

Fuente: ECONOMÍA CHINA: PASADO, PRESENTE Y FUTURO
http://www.intereconomia.com/blog/economias-asiaticas 

El incidente de Xi’an

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